jueves, 19 de febrero de 2015

KOBE BRYANT, LICENCIA PARA DOMINAR


Un entrenador venerado y respetado en Europa como Ettore Messina (4 Copas de Europa detrás) tuvo el privilegio de poder cruzar el charco para situarse en el staff técnico de Los Ángeles Lakers como entrenador asistente. Ante la agitación de tal movimiento revolucionario no tardaron en llegar las primeras entrevistas, y de entre ellas, tampoco se hizo de rogar la primera pregunta en forma de un nombre y un apellido: Kobe Bryant.

Todo un líder incuestionable y con mano de hierro como Messina respondió sobre la estrella de su nuevo equipo de la siguiente forma: ¿Cómo voy a dar una sóla orden a un tipo que va a entrenar en helicóptero para ahorrarse el tráfico de Los Ángeles? ¿Qué se supone que debo decirle? ¿Baja el culo y flexiona las rodillas?


Es Kobe Bryant, un hombre mitad ángel, mitad demonio que, indirectamente, nos hace plantearnos la siguiente pregunta, ¿Qué es la NBA sin Kobe?
El destino y la complicada tesitura del jugador que ha marcado los últimos 15 años del baloncesto mundial nos invitan apresuradamente a hacernos a la idea...

Una trayectoria tan apabullante como la del 24 de los lakers sobre la que se ha escrito tanto, se ha grabado tanto y también se ha especulado tanto, inexorablemente, complica el enfoque, pero inquisitorialmente, su protagonista lo prestigia sea cual sea su forma.



Hablar de Bryant es hablar de un sueño, de una capacidad, de una decisión, de una vocación, de un talento, de una misión y de un recuerdo -intempestivo-.
La perdurable estrella de Los Ángeles Lakers tiene el reconocimiento infinito por aquello que llamamos trayectoria, pues es lo mínimo que le pertenece tras colocar con sangre, sudor y lágrimas 5 anillos de campeón en su mano. Representa los sueños cumplidos de una generación laker acostumbrada a mirar con estupor y recelo el juego de los Bulls de Phil Jackson y los Jazz de Stockton y Malone . 

Es un estilo, una mecánica, unos movimientos calcados y cotejados de Dios (perfeccionados por el entrenador de Dios), una mirada felina que en su esplendor veía victorias, convirtiéndose en invidente para todo lo demás -inexistente-. Kobe Bryant es el hambre y el hombre de ganar, la antonomasia de la profesionalidad, la base técnica del baloncesto y, por su puesto, la esencia e historia del deporte.


Simplemente su nombre o una foto del jugador vestido de oro y púrpura, disponen de una alta probabilidad de ser reconocidos por cualquier ser humano ajeno por completo al baloncesto. Ese será su legado. El prestigio de convertirse en una leyenda mundial, la excelencia de destacar entre miles de millones de jugadores de baloncesto y poder ser identificado por cualquier persona del planeta, aunque sólo sea porque escucharon su nombre en un determinado lugar o vieron su figura de pasada, cuyo recuerdo no alcanzan a hilvanar y queda simplificado en un 'me suena'.



Es probable que el primer recuerdo del jugador angelino sea ya imborrable en mi memoria. Fue un sábado del año 2001 en forma de una portada de 'Gigantes' protagonizada por la pareja más dominante que ha dado la historia del baloncesto (con todos los respetos para Jordan y Pippen). Sí, Shaquille O'Neal y Kobe Bryant, que lucían orgullosos su segundo anillo de campeones de la NBA, mientras el titular rezaba algo así como 'el comienzo de una nueva era, ¿Cuál será el techo?'.

Desafortunadamente, la cúspide fue la mala relación personal entre ambos, eso sí, 3 anillos de campeones después... Quién sabe hasta donde podrían haber llegado el pívot de 140 kilos capaz de hacer un coast to coast y machacar el aro tras un reverso, y el -entonces- artículo 8 de los Lakers (similar al 34): hago lo que quiero, cuando quiero y como me da la gana.


En cualquier caso, no se me ocurre una manera mejor de despedir a Bryant que agradeciéndole su existencia.
  • Gracias por hacer que las camisetas más utilizadas en las canchas callejeras del país más recóndito del mundo sean tuyas.
  • Gracias por demostrar a la era moderna que se pueden anotar 81 puntos en un partido de la NBA.
  • Gracias por llevar a Gasol a la excelencia, a la perfección y al anillo.
  • Gracias por estirar de ese modo la elástica de Los Ángeles Lakers.
  • Gracias por un top 10 de jugadas majestuosas, un concurso de mates y exhibiciones sin esfuerzo en los Juegos Olímpicos de los mortales.
  • Gracias por tus 5 campeonatos, tus 16 All Star, tus estadísticas inenarrables y tus 32.482 puntos.
  • Gracias por levantarte antes que nadie, entrenar a las 3 de la madrugada y despertar el esplendor de este deporte. 
  • Y sobre todo y fundamentalmente, gracias por jugar al baloncesto.

Cuando el cuerpo de la estrella de la NBA más dominadora del siglo XXI, hace poco más de un mes, dijo basta y volvió a caer lesionado, se fue una parte de todos los aficionados. Murió una esencia sin igual. La condición sine qua non del verdadero espectáculo natural. La NBA siempre estará huérfana y el Hall of Fame brillará más que nunca. Don Kobe Bryant se iluminará en suspensión y cayéndose hacia atrás, en la última décima del partido.

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