miércoles, 25 de marzo de 2015

¿CÓMO HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ?


Quien ha practicado el deporte rey sabe lo que significan unas botas de fútbol para cualquier jugador. Entendidas como la herramienta fundamental, solían ser el material que condicionaba la temporada a nivel personal y daba ese valor añadido de motivación a la competición. Para un niño con el sueño balompédico en la cabeza, su calzado sobre el terreno de juego se conformaba como el pasaporte ficticio para emular a sus ídolos, mirarles de tú a tú y codearse con el resto de futbolistas.

Probablemente la esencia siga siendo esa hoy en día, pero un flash repentino de la moda reinante en el deporte es la vía perfecta para desembocar en la nostalgia del olvido.


Creo y seguiré creyendo en las exiliadas botas negras, los campos de tierra, la ausencia de lo artificial y extravagante, en las copa mundial desgastadas, las adidas de Zidane, las puma de Mijatovic, las mizuno de Rivaldo, e incluso en las joma de Fernando Morientes.

La subjetividad siempre debe ser la protagonista en la moda, pero corre el riesgo de convertirse en objetividad unánime cuando se compara el antes y el después de este caso, juzgando el cambio.

Pasan los años y cambia el estilo, al igual que en otros deportes, y siempre vuelve esa vieja cantina recurrente de los valores y los jugadores profesionales como modelo de los niños. No soy yo nadie para decir lo que deben hacer, lo que no quita el recuerdo de quien fue niño y para el que ver una estrella por la calle suponía un momento señalado en la vida, aflorando la admiración a borbotones y no la risa.


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