lunes, 23 de febrero de 2015

EL PLACER DE LO INSIGNIFICANTE


En este país, la resaca de los Oscar suele estar protagonizada por el 'boca a boca' consecuente de quien se ahorra la vigilia y acude a primera hora, con impaciencia y curiosidad, a las portadas de los periódicos para corroborar sus pronósticos -las redes sociales facilitan el proceso-.

En concreto, la mañana de este lunes 23 de febrero ha quedado marcada por algo más que el triundo aplastante de Birdman y la virtud genial (y esperada) de Iñárritu.

Seguramente los colegios sean el ejemplo perfecto de aquellos que no han trasnochado, por eso hoy, en el patio de todos ellos, mientras una escisión de los mayores hablaba de cine, algunos niños hablaban también de los superhéroes terrenales. Seguramente, unos se habrán preguntado a otros si ayer vieron la chilena de Benzema. Ese movimiento artístico de ese jugador capaz de hacer real lo ficticio de un videojuego...


Asimismo, es probable que la otra parte de los jóvenes que no juega al fútbol porque prefiere la cancha de baloncesto, haya intentado imitar los movimientos artísticos de un tipo canario, con barba desaliñada, llamado Sergio Rodríguez o haya debatido sobre el ataque y la defensa de Rudy Fernández, el jugador que un día participó en el concurso de mates de la NBA y ayer dio al Real Madrid su copa número 25, en Gran Canaria, frente a su eterno rival, el Barcelona.



La realidad es que el cine y el deporte son las mejores medicinas para poner remedio al primer madrugón de la semana.

La pasión, el seguimiento y el debate (muchas veces absurdo y visceral) que generan, nos permiten desconectar de nuestro mundo por un segundo. Es así. Y como consecuencia, ceremonias de los Oscar y jornadas de liga como las de este pasado fin de semana, sirven para encumbrar a unos y sepultar a otros, bien a nivel objetivo (los puntos de la tabla clasificatoria no se negocian) o bien a nivel subjetivo (el mundo de las subjetividades del arte quedó bien representando en la mejor película del año. Iñárritu nos hizo plantearnos la sutil 'diferencia' entre el éxito y el fracaso).

Yo me quiero dedicar a ambas cosas, porque quizá esa sea mi filosofía de vida, y como bien dijo Carlos Marañón (presentador de la Gala ayer en Canal +) en la entrevista que concedió a este medio, 'el placer de la vida está en las cosas más insignificantes.'



En el apartado técnico, la verdad es que en un fútbol moderno donde si no corres, estás muerto, Benzema e Isco regatean y deleitan sin correr, demostrando por qué el fútbol puede ser un arte. Esa virtud, ligada al compromiso grupal y a la intensidad y la defensa (como la de Nocioni ayer 'echando a la gente de su casa' de ese modo en la final), posibilitarán que el resultado acabe en victoria.

El ejemplo perfecto de esta combinación se dio el pasado sábado en el Camp Nou. El equipo joven, atrevido y canterano del Málaga (Juanmi, Darder, Rosales, Castillejo...), se plantó en el campo del F.C. Barcelona con las ideas bien caras. Dirigido a la perfección por Javi Gracia, el conjunto andaluz corrió cuando tuvo que correr (contraataques de escándalo), regateó, dominó e incluso mareó al Barça por momentos, y finalmente defendió hasta el punto de que Messi y Neymar no tiraron ni una sola vez a puerta... ¿El resultado? Victoria contra pronóstico del Málaga (0-1), repaso táctico, desesperación flagrante de Jordi Alba y favor al Real Madrid, que afianza su liderato 2 semanas después de ese 4-0 rojiblanco... (La flor en el culo de Carletto)



En cuanto a lo acontecido en el Dolby Theatre de Los Ángeles. Hollywood se vistió de Gala para su 87ª ceremonia y nos regaló un inició impactante con el premio a mejor actor de reparto. Edward Norton, Robert Duvall, Ethan Hawke y Mark Ruffalo se salieron del mapa con sus interpretaciones estelares, pero J.K, Simmons los puso firmes, como si del reconocimiento de Ronald Lee Ermey en La Chaqueta Metálica se tratara.


Julianne Moore 'siempre' había salido victoriosa en los reconocimientos de este año y no se percibía ningún atisbo de derrota en el acontecimiento señalado. Quizá. esta categría de mejor actriz fue la segunda más competida (Rosamund Pike, Marion Cotillard, Felicity Jones, Reese Witherspoon...), puesto que en la de mejor actriz secundaria, Patricia Arquette llevaba 12 años planeando este Oscar y como mejor actor principal, nadie sabe aún si subió a recoger el premio Stephen Hawking o Eddie Redmayne.



Con respecto a la mejor película extranjera, Ida arrebató la gloria al sueño de Szifrón y Almodóvar, Relatos Salvajes, y ganó el primer Oscar de la historia para Polonia, tras un discurso de entrega en el que se apelaba a la ausencia de fronteras en el cine, cuando precisamente, ese premio incluía en su título una pequeña connotación, la palabra 'extranjera'...

La mejor banda sonora correspondió al Gran Hotel Budapest y la mejor fotografía cayó en manos de la todopoderosa Birdman

En defintiva, se puede decir que todos los premios fueron merecidos esta vez, no así las nominaciones, puesto que quizá ya va siendo hora de que la Academia levante el veto a Christopher Nolan... 



Probablemente este montaje cinéfilo, deportivo y absurdo no sea tan perfecto como el de Whiplash (con J.K. Simmons metiendo presión). El caso es que el guión es tan original como el de Birdman, porque de considerarse adaptado, Alan Turing lo hubiera hecho mucho mejor...

Sed felices.

jueves, 19 de febrero de 2015

KOBE BRYANT, LICENCIA PARA DOMINAR

Un entrenador venerado y respetado en Europa como Ettore Messina (4 Copas de Europa detrás) tuvo el privilegio de poder cruzar el charco para situarse en el staff técnico de Los Ángeles Lakers como entrenador asistente. Ante la agitación de tal movimiento revolucionario no tardaron en llegar las primeras entrevistas, y de entre ellas, tampoco se hizo de rogar la primera pregunta en forma de un nombre y un apellido: Kobe Bryant.

Todo un líder incuestionable y con mano de hierro como Messina respondió sobre la estrella de su nuevo equipo de la siguiente forma: ¿Cómo voy a dar una sóla orden a un tipo que va a entrenar en helicóptero para ahorrarse el tráfico de Los Ángeles? ¿Qué se supone que debo decirle? ¿Baja el culo y flexiona las rodillas?

Es Kobe Bryant, un hombre mitad ángel, mitad demonio que, indirectamente, nos hace plantearnos la siguiente pregunta: ¿Qué es la NBA sin Kobe?
El destino y la complicada tesitura del jugador que ha marcado los últimos 15 años del baloncesto mundial nos invitan apresuradamente a hacernos a la idea...

Una trayectoria tan apabullante como la del 24 de los lakers sobre la que se ha escrito tanto, se ha grabado tanto y también se ha especulado tanto, inexorablemente, complica el enfoque, pero inquisitorialmente, su protagonista lo prestigia sea cual sea su forma.


Hablar de Bryant es hablar de un sueño, de una capacidad, de una decisión, de una vocación, de un talento, de una misión y de un recuerdo -intempestivo-.
La perdurable estrella de Los Ángeles Lakers tiene el reconocimiento infinito por aquello que llamamos trayectoria, pues es lo mínimo que le pertenece tras colocar con sangre, sudor y lágrimas 5 anillos de campeón en su mano. Representa los sueños cumplidos de una generación laker acostumbrada a mirar con estupor y recelo el juego de los Bulls de Phil Jackson y los Jazz de Stockton y Malone . 

Es un estilo, una mecánica, unos movimientos calcados y cotejados de Dios (perfeccionados por el entrenador de Dios), una mirada felina que en su esplendor veía victorias, convirtiéndose en invidente para todo lo demás -inexistente-. Kobe Bryant es el hambre y el hombre de ganar, la antonomasia de la profesionalidad, la base técnica del baloncesto y, por su puesto, la esencia e historia del deporte.


Simplemente su nombre o una foto del jugador vestido de oro y púrpura, disponen de una alta probabilidad de ser reconocidos por cualquier ser humano ajeno por completo al baloncesto. Ese será su legado. El prestigio de convertirse en una leyenda mundial, la excelencia de destacar entre miles de millones de jugadores de baloncesto y poder ser identificado por cualquier persona del planeta, aunque sólo sea porque escucharon su nombre en un determinado lugar o vieron su figura de pasada, cuyo recuerdo no alcanzan a hilvanar y queda simplificado en un 'me suena'.

Es probable que el primer recuerdo del jugador angelino sea ya imborrable en mi memoria. Fue un sábado del año 2001 en forma de una portada de 'Gigantes' protagonizada por la pareja más dominante que ha dado la historia del baloncesto (con todos los respetos para Jordan y Pippen). Sí, Shaquille O'Neal y Kobe Bryant, que lucían orgullosos su segundo anillo de campeones de la NBA, mientras el titular rezaba algo así como 'el comienzo de una nueva era, ¿Cuál será el techo?'.

Desafortunadamente, la cúspide fue la mala relación personal entre ambos, eso sí, 3 anillos de campeones después... Quién sabe hasta donde podrían haber llegado el pívot de 140 kilos capaz de hacer un coast to coast y machacar el aro tras un reverso, y el -entonces- artículo 8 de los Lakers (similar al 34): hago lo que quiero, cuando quiero y como me da la gana.

En cualquier caso, no se me ocurre una manera mejor de despedir a Bryant que agradeciéndole su existencia.
  • Gracias por hacer que las camisetas más utilizadas en las canchas callejeras del país más recóndito del mundo sean tuyas.
  • Gracias por demostrar a la era moderna que se pueden anotar 81 puntos en un partido de la NBA.
  • Gracias por llevar a Gasol a la excelencia, a la perfección y al anillo.
  • Gracias por estirar de ese modo la elástica de Los Ángeles Lakers.
  • Gracias por un top 10 de jugadas majestuosas, un concurso de mates y exhibiciones sin esfuerzo en los Juegos Olímpicos de los mortales.
  • Gracias por tus 5 campeonatos, tus 16 All Star, tus estadísticas inenarrables y tus 32.482 puntos.
  • Gracias por levantarte antes que nadie, entrenar a las 3 de la madrugada y despertar el esplendor de este deporte. 
  • Y sobre todo y fundamentalmente, gracias por jugar al baloncesto.



Cuando el cuerpo de la estrella de la NBA más dominadora del siglo XXI, hace poco más de un mes, dijo basta y volvió a caer lesionado, se fue una parte de todos los aficionados. Murió una esencia sin igual. La condición sine qua non del verdadero espectáculo natural. La NBA siempre estará huérfana y el Hall of Fame brillará más que nunca. Don Kobe Bryant se iluminará en suspensión y cayéndose hacia atrás, en la última décima del partido.

lunes, 16 de febrero de 2015

EL LÍMITE ES EL CIELO


Madison Square Garden de Nueva York. Aproximadamente las 20:40 horas en Manhattan (02:40 en España). Todo listo para el comienzo del partido más señalado en el calendario del mundo baloncestístico. Millones espectadores, hijos del HD y de la era internet, impacientes en todo el planeta para guardar en sus retinas todo lo que allí acontezca. Los dos jugadores de mayor estatura sobre el parqué se disponen a realizar el salto inicial en el centro del campo. Son dos estrellas consagradas en la mayestática y selecta liga americana. Han sido elegidos como dos de los diez mejores jugadores del mundo. Tienen rasgos físicos similares. Son campeones del mundo. Uno ha sido dos veces campeón de la NBA vestido de oro y púrpura. Otro hace historia en la ciudad de Memphis. Efectivamente, no son jugadores normales. Aparentemente, parecen dos tipos alejados de la arrogancia que su éxito pudiera conllevar. Históricamente, no son americanos. 
Pau Gasol y Marc Gasol son dos hermanos, nacidos a más de 6.000 kilómetros de allí, en el humilde pueblo de Sant Boi de Llobregat, en España, al otro lado del charco.

En medio de la ensoñación de muchos, el árbritro lanza el balón al aire. La estatura de ambos hermanos se diferencia por 3 centímetros, lo que medimos desde los 2,13 de Pau hasta los 2,16 de Marc. El mayor de los Gasol amaga antes, se mueve primero, quizá como recordatorio a que fue pionero en viajar hasta allí en 2001. El hermano pequeño se muestra paciente, probablemente como siempre estuvo mientras seguía los pasos de su idolatrado hermano. Un flashback sacude la mente de los dos protagonistas, de los realizadores del evento y por qué no decirlo, de todo el mundo. Sí, es imposible no recordar el abrazo que se dieron los dos colosos a las 2:23 (españolas), justo cuando fueron presentados y más o menos cuando Woody Allen tomaba su asiento habitual en el Madison.

El balón comienza a descender, las yemas de los dedos de los dos hermanos se preparan para tomar contacto con el pulcro y áspero balón. Hay un momento de duda, Pau Gasol, el número 16, parece ganar la partida. Definitvamente es así tras la confusión. 

La Conferencia Este de la NBA gana el salto a la Conferencia Oeste. Automáticamente, Pau Gasol pasa el balón al número 23, rey del baloncesto y heredero de la corona histórica de su majestad MJ, Lebron James. Empieza el partido de las estrellas.




Michael Jordan, dueño de lo superlativo sobre el parqué y de la leyenda fuera de él, dijo una vez que 'quien juega al límite, es porque cree que lo tiene', y elocuentemente, parafraseando a su excelencia número 23, podemos afirmar que no existe un límite o un techo para los Gasol, pues sólo el cielo puede poner un tope a sus aspiraciones, a su pasión, a su sacrificido, a su talento y, con toda certeza, a su sueño.

Es baloncesto, ni más ni menos, se puede jugar en un aro artesanal pegado a una farola, en una cancha callejera, en una papelera con forma de canasta, en la ya mítica canasta de casa de los abuelos de los dos protagonistas, o en el Madison Square Garden de Nueva York. La historia es que estos dos tipos han llevado todo esto al límite de los mortales, a lo máximo, hasta instalarse en la parafernalia americana y las superproducciones hollywoodienses, codeándose con los más grandes y disfrutando del juego en el mejor escenario posible. 

Con el resultado de semejante partido en un segundo plano (163 a 158 para el Oeste, récord de anotación incluido), los 10 puntos y 12 rebotes de Pau Gasol, así como los 6 y 10 de su hermano pequeño, pueden ser consideradas como cifras muy decentes teniendo en cuenta que ambos conjuntos intentaron 133 triples a lo largo del encuentro. Lo que muestra de forma clarividente, la complicada labor de los pívots esperando su oportunidad bajo el aro...


En cuanto al resto del All Star Weeked marcado por las lesiones (Don Kobe Bryant, Anthony Davis, Blake Griffin...), encontramos la figura del jugador de moda en la NBA, Stephen Curry, que de la mano de su acierto y con el punto a favor de su carisma, se supo meter a todo el público en el bolsillo.

La progresión meteórica del base de Golden State Warriors, ha posibilitado que el niño que vemos en la parte izquierda de la imagen superior, se haya convertido en la estrella actual de la mejor liga de baloncesto del mundo -a la derecha de la imagen-. 

Con esa expresión, a caballo entre la concentración y la preocupación, el número 30 de los Warriors, se presentó en Brooklyn para anotar 27 puntos en el mejor concurso de triples que jamás vimos (Clay Thompson, Kyrie Irving, James Harden, Kyle Korver...) y levantar, por fin, su tan ansiado trofeo.
Señoras y señores, parece que ya tenemos heredero...



Para concluir el vistazo del Número1 al fin de semana de las estrellas, sólo falta mencionar dos nombres que traerán cola en el arte del mate durante los próximos años. Escuchen bien, Victor Oladipo y Zach LaVine, vuelos sin motor...

Para algunos el baloncesto merece el segundo plano y la letra pequeña. Para otros, es el deporte rey, el más completo. Pero por encima de la opinión están los hermanos Gasol, que cambian las reglas, las ideas y el concepto, multiplican por 1000 el seguimiento en España, y lo elevan a la categoría máxima, a la excelencia del arte. Con total certeza podemos decir que el límite de estos dos deportistas está en el cielo... 

Andrés Montes, que fue un adelantado a su tiempo, supo vislumbrar este futuro brillante y no ajeno a la realidad que vivimos hoy, estuvo hábil a la hora de poner un mote a Pau Gasol... 'E.T. El Extraterrestre', porque la vida puede ser maravillosa.


martes, 10 de febrero de 2015

VILLARREAL, FÚTBOL DE AUTOR

Una ciudad con algo más de 50.000 habitantes cuyo principal equipo de fútbol, cuenta con un estadio en el que se puede introducir a la mitad de los ciudadanos, siempre va a resultar llamativo. Si a esto le añadimos que el equipo es el Villarreal, miembro de la Primera División española (o Liga BBVA para los modernos) y que no hace mucho tiempo jugó unas semifinales de Champions League, codeándose con los más grandes como forma de vida, entonces la conmiseración que produce hoy en día el fútbol español, encuentra un oasis gracias a la historia de un equipo con personalidad, estilo y valentía suficiente como para ser fácilmente reconocible en todo el mundo. Villarreal Club de Fútbol.

En una época mediocre y extrema para el deporte rey, en la que algunos se jactan de valores y juego preciosista, otros se refugian en el talonario para ahogar las penas y unos terceros, directamente utilizan el discurso victimista sobre la falta de presupuesto (como si no pudieran fichar delanteros de primer nivel...), encontramos una de las pocas excepciones agradables sobre las cosas bien hechas y la reivindicación del buen fútbol humilde. Esta excepción viste de un amarillo, pulcro e impoluto, y reside bajo el yugo de los más grandes, surcando las profundidades de los mares a una velocidad endiablada y huyendo de la humildad de postín que reina en la superficie. El vox pópuli define a este equipo como el 'Submarino Amarillo', pero aprovechando que hace relativamente poco se estrenó el aeropuerto de Castellón (su aeropuerto), debemos referirnos al Villarreal como lo que es, uno de los equipos más relevantes y destacados de la historia moderna, el dueño del fútbol de autor.


Los experimentos efectivos (y mediáticos) de entrenadores como Pep Guardiola y su ya célebre 'falso nueve' (Leo Messi), capaz de romper cualquier táctica preestablecida y modificar la estadística histórica endosando, por ejemplo, 6 goles a un Real Madrid estupefacto, efectivamente no son de hoy ni de ayer, sino que vienen de mucho más atrás, a pesar de la escasa difusión.

En lo que va de siglo, destaca, en especial, una innovación por parte de dos sujetos que, probablemente, trascendió la lógica y el sentido de la pizarra táctica y nos permitió observar y vivir uno de los mejores momentos de la historia del balompié.

Un 'ingeniero' y un genio incomprendido se aliaron en el año 2004 para acabar sorprendiendo al mundo del deporte, de una forma brillantemente progresiva y sin ningún aire de grandeza. A posteriori, sería fácil decir que el entrenador chileno, Manuel Pellegrini, y el mediapunta argentino, Juan Román Riquelme, cruzaron sus vidas profesionales en el momento y lugar idóneo para ambos.

El técnico chileno llegó a Villarreal con el privilegio de poder contar en sus filas con el '10' de Argentina y uno de los 'cerebros' más talentosos del mundo balompédico. Riquelme era un futbolista clásico, de los de antes, sin peinados extravagantes, pendientes ni tatuajes, con unas botas negras (ajenas a la moda) y con personalidad, mucha personalidad.


El invento fue sencillo y consistió en dar total libertad al astro argentino, permitir que jugará por la parte del campo que creyera conveniente, que todo el juego sobre el verde pasara por sus botas, desencasillarle de la etiqueta que se le puso en su anterior etapa en el Barça y por supuesto, que todos los córners, libres directos o penaltis fueran indiscutiblemente de su propiedad. ¿Saben cual fue el resultado de este 'falso centrocampista-todocampista' imposible de situar en las alineaciones de los periódicos?


Cuarto puesto en Liga en la temporada 2004-05 (con el Villarreal elegido mejor equipo del mundo en el mes de Octubre), pasaporte a la máxima competición Europea y desarrollo indeleblemente victorioso en la misma, hasta acceder a las semifinales e impregnar el nombre del club con prestigio.

Quizá la historia mediática se quedó ahí, puesto que ese agónico partido contra el Arsenal del mejor Thierry Henry se resolvió con el fatalismo que suele ser familiar para los equipos pequeños. En el último minuto de partido, Riquelme tuvo la oportunidad de igualar la eliminatoria, meter a su equipo en la prórroga y aspirar a la finalísima de París (ante el Barça). La clave para ello, era anotar el penalti pitado a favor del 'Submarino Amarillo'.
Una ciudad sin respiración, un país con ilusión y varios continentes con atención, focalizaban su mirada en los ojos nerviosos del genio incomprendido número 10, pero cosas del fútbol y de la vida, el arquero gunner Jens Lehmann repelió el esférico y el año de ensoñación y grandeza llegó a su fin de la manera más rápida y cruel.
Dicen que la relación materno-filial entre entrenador y jugador se rompió esa misma noche.


La realidad a partir de ese momento fue que el conjunto de Castellón ya se había hecho un nombre entre los números 1. A pesar de la salida de Riquelme al año siguiente, el Villarreal fue a más y empezó a jugar un fútbol cada vez más bello y completo. Se labró un estilo propio basado en el ritmo, la presión y el toque que la Selección Española y el F.C. Barcelona utilizarían después. Y como cúspide del éxito, en la temporada 2007-08 terminó subcampeón en la teórica mejor liga del mundo.



En los últimos años, por allí pasaron muchos 'futbolistas de autor' como Diego López, Santi Cazorla, Robert Pirès, Diego Forlán, Jon Dahl Tomasson, Giuseppe Rossi o Nilmar y a pesar de un año catastrófico, 2012, en el que la culpa no fue de Pellegrini sino de entrenadores como Miguel Ángel Lotina (gracias al cual vimos al Villarreal utilizar un juego sucio y descender a segunda división), afortunadamente, podemos decir que hoy en día el equipo ha resurgido de sus cenizas y tras volver hace un año con los equipos de primer nivel, esta temporada es un gusto contemplar su juego.
Dieciocho partidos sin perder (hasta la derrota in-extremis de hace dos semanas en el Camp Nou), una buena andadura en la Europa League y una elimatoria pendiente contra el Barça en las semifinales de Copa del Rey, han devuelto al 'Submarino Amarillo' la moda y el reconocimiento.

Gran parte de culpa ha tenido alguien que se desvive por este club desde 1997, ya que desde ese año, Fernando Roig preside el Villarreal y como se refieren a él popularmente, 'convirtió un equipo de pueblo en un club de clase mundial'.

El presidente y el equipo entregados a la causa, supieron combinar a la perfección el presupuesto limitado con el ojo clínico para los fichajes precisos y la inversión en una cantera rentable. Supieron hacer real y tangible la ilusión de una pequeña ciudad. El Villarreal prestigia el fútbol.


Hoy en día la orquesta puede presumir de tocar mejor que nunca y se puede jactar de un saneamiento económico inaudito en el fútbol español. Futbolistas como Bruno Soriano (el nuevo 'todocampista'), delanteros veteranos rejuvenecidos al estilo Uche y fichajes estrella sorpresa de la talla de Luciano Vietto, todo orquestado a la perfección por un grande sencillo como Marcelino García Toral, hacen que la gente en sus casas vuelva a disfrutar viendo fútbol de autor en la televisión... Porque si los aficionados a este deporte disfrutan desde el sofá, imagínense cómo se debe vivir este privilegio en 'El Madrigal', imagínenselo...



domingo, 8 de febrero de 2015

MÁTALOS SUAVEMENTE


Como el título de la magistral novela de George V. Higgins llevada al cine por Andrew Dominik (Brad Pitt y James Gandolfini mediante), Mátalos Suavemente, ayer el Atlético de Madrid tejió una minuciosa tela de araña en la que introdujo, modificó, castigó, sometió y finalmente asesinó, con mimo y sutileza, al equipo de la constelación de estrellas y el escudo de campeón del mundo, a un Real Madrid trémulo que sustituyó los puños cerrados de noviembre por los brazos en jarra de febrero, hasta morir suavemente.

El 'Cholo' Simeone supo cotejar a la perfección la información vertida durante la semana que cargaba exacerbadamente contra la dureza de su equipo, primero censurando taxativa y públicamente este apelativo basado en el desprecio hacia los suyos, y segundo, concentrando a sus jugadores en la charla previa en el vestuario, evocando el camino recorrido en los últimos tiempos con intensidad, recordando los títulos recogidos por tanto esfuerzo como trabajo, y revalorizando la manera en la que su equipo recuperó el nombre de la centenaria institución del Manzanares, con más ilusión que juego sucio.

Dicho esto, la consigna de un Simeone enardecido en los vestuarios era clara: Acabar con el eterno rival con una pulcritud inusitada y sin ninguna falta violenta... Dos horas después. el resultado, 4-0, se quedó corto ante la abrumadora superioridad atlética y el juego preciosista de su equipo. El Real Madrid tiró una vez a puerta (disparo manso y débil de Benzema), Cristiano Ronaldo perdió 19 balones, el capitán rojiblanco, Gabi, recuperó 18 y el stopper blanco, Khedira, ninguno.


Ahora es fácil imaginar los minutos precedentes a la salida al campo, con el entrenador argentino golpeando el pecho de sus jugadores al más puro estilo Héctor Cúper y gritándoles, uno por uno, de forma tan vehemente como segura, la frase clave: 'Mátalos suavemente', pero no se engañen, el acento del de Buenos Aires incide sobre la segunda sílaba y no sobre la primera y seguramente, la manera en la que dio esa hipotética orden fue lenta, pronunciada y contundente, dejémoslo en (valga la tilde mal puesta) 'Ma-tá-los SUAVEMENTE'.

La encrucijada de Ancelotti ante tal avalancha de fútbol, se orquestó en torno a la necesidad o no de dar un toque de atención y sustituir a los dos 'teóricos' mejores jugadores del equipo, Gareth Bale y Cristiano Ronaldo. Sin duda la actitud nebulosa y ominosa de los referentes merengues, no sólo fue representativa de todos los madridistas sobre el verde, sino que quizá fue merecedora de un castigo mayor que una simple reprimenda. A pesar de los infinitos goles y momentos pasados, ningún jugador madridista debe olvidar sobre el campo el significado de dos palabras que denotan prestigio, Real Madrid.


Con el primer objetivo mediático del día cumplido, aún faltaba una noche de arte y premios en la capital española, protagonizada por el ingrediente cinéfilo que le falta a este artículo y el mejor año de la historia del cine español, la Gala de los Goya número 29.


Del mismo modo que Dani Rovira rompió el protocolo y los esquemas con su actuación en Ocho Apellidos Vascos, el divertido cómico malagueño supo presentar muy dignamente la gala más larga de la historia y quizá la más reconocida.


La Isla Mínima, dirigida por Alberto Rodríguez (mejor director español vivo para ElNúmero1), también moldeó y manejó a su antojo la vigésimo novena edición de los Goya, puesto que a pesar de la competencia fortísima a la que se enfrentaba, la historia ochentera de dos policías en las marismas del Guadalquivir se alzó con 10 Goyas, incluído el de mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor actor protagonista (con un Javier Gutiérrez soberbio).

La excelencia de la ceremonia no se quedó ahí, ya que la película que marcó el año en taquilla también se vio recompensada decentemente, y es que Ocho Apellidos Vascos nos recordó que el humor debe estar presente en todos los aspectos de la vida y de ahí los tres Goya a mejor actor de reparto, mejor actriz de reparto y mejor actor revelación, en las figuras de Karra Elejalde, Carmen Machi y Dani Rovira, respectivamente.



Nadie debe olvidar que las películas mencionadas anteriormente, competían contra otras tres cintas célebres que serán recordadas, como son El Niño, Magical Girl y Relatos Salvajes
Daniel Monzón no pudo cosechar el mismo éxito que con su obra maestra Celda 211, Bárbara Lennie fue la cara vencedora del filme de Carlos Vermut gracias a su premio como mejor actriz protagonista y la película argentina dirigida por Damián Szifrón y producida por Pedro Almodóvar, ganó el premio como mejor película iberoamericana.

Entre los demás triunfadores, Ida (mejor película extranjera), Mortadelo y Filemón (mejor película de animación), Paco de Lucía: la búsqueda (mejor documental), Café para llevar (mejor corto de ficción) o Carlos Marqués-Marcet (mejor dirección novel por 10.000 km), destacó uno en especial, diferente, impactante y melancólico. Antonio Banderas, su Goya honorífico y el mejor discurso de la ceremonia... 

Quizá ese fue el punto de inflexión de gala. Nadie esperaba que tras unas palabras de entrega de Pedro Almodóvar protagonizadas por su crónico y prescindible 'yo, me, mi, conmigo', el actor malagueño tomara el testigo del director manchego, y fuera capaz de emocionar a todos los espectadores y levantar al respetable de su asiento. Fue un discurso profundo, sentido, sincero, reconfortante, directo, histórico, rompedor y además, ágil y preciso. Antonio Banderas, independientemente de ser un mejor o peor actor, siempre ha sido la sensación del que consiguió ir más allá. La figura del cine español pionera en codearse con los extraterrestres de Hollywood, uno de los primeros en hacer ver a este país que el ostracismo internacional ya no existe, que con lucha, esfuerzo, trabajo y determinación, la segunda parte de nuestra historia reciente ya empezó con él. Bravo Antonio.


Es hora de terminar, no sin antes agradecer al cine español el año que se ha marcado, creer en el arte y en su respaldo económico más que nunca (los tres grupos de comunicación de este país, RTVE, Atresmedia y Mediaset han impulsado respectivamente a Magical Girl, La Isla Mínima y El Niño), esclarecer que si La Isla Mínima se ha llevado 10 Goyas es porque se trata de una película DIEZ, y sobre todo, pensar que gracias al gran trabajo alejado de la mediocridad, mucha gente dejará de considerar el cine español como un género aparte y lo empezará a mirar sin una visión sesgada, matando los prejuicios con suavidad, y observando simplemente lo que es, cine en estado puro.
Sed felices.



lunes, 2 de febrero de 2015

FEBRERO: RECONOCIMIENTOS Y PRESENTACIONES


No deja de ser curioso que el mes más corto del año sea el más completo en cuanto a premios y ceremonias en el mundo del cine y el deporte, más concretamente, si focalizamos nuestro objetivo hacia el país de los espectáculos multitudinarios y el seguimiento masivo a según que acontecimientos, Estados Unidos.

Esta semana arrancó en el viejo continente observando cómo el mundo norteamericano, al otro lado del charco, atraía la atención de todo el planeta gracias al que dicen que es el evento deportivo del año, la Super Bowl.


Arizona y en concreto el University of Phoenix Stadium, nos dejó el partido de partidos entre los dos mejores equipos del año en la liga de fútbol americano (NFL), New England Patriots y Seattle Seahawks.

Los miles de kilos de pizza, millones de televisiones encendidas (además de tablets, móviles, ordenadores...) y el constante seguimiento del gran encuentro por medio de las redes sociales -para periodistas aficionados-, colapsaron la vida y la acción en el Imperio Yanqui durante cuatro largas horas.

El morbo por ver a Katy Perry en el famoso descanso de la cita, rebajó las pulsaciones de aquellos que suspiraban por el cuarto anillo de Tom Brady (para igualar a su excelencia Joe Montana), del mismo modo que relajó los corazones agitados de los aficionados de Seattle, que en vista de su ausencia frustrante en la NBA, debían refugiarse en sus 'Bad Boys' para que la alegría regresara a la ciudad de Washington.

Tras un mítico anuncio en el que Bryan Cranston se volvió a meter en la piel y en el traje amarillo de Walter White, se reanudó el partido y quién sabe si el '12' de los Patriots se quedó con la copla y aplicó la táctica heisenbergiana, el caso es que con el partido finalizado y un 28-24 a favor de los de Massachusetts, el mejor quarterback de la historia gritó al mundo eso de 'SAY MY NAME'.



Este comienzo fulgurante sólo supone el principio de una larga lista de fiestas y ceremonias en los Estados Unidos.
Al encuentro apoteósico de la pelota ovalada, le seguirá la reunión de las estrellas del primer mundo baloncestístico que se producirá el 13, 14 y 15 de febrero, a caballo entre el Madison Square Garden de Nueva York y el Barclays Center de Brooklyn. 
A los Lebron James, John Wall, Blake Griffin, Carmelo Anthony, Anthony Davis, Stephen Curry, Kyle Lowry y James Harden, se sumarán 'los dos mejores hermanos de la historia del deporte', como bien señala la portada de Gigantes de este mes.


La lesión en el hombro de Kobe Bryant (sustituido por la barba voladora en el quinteto y por DeMarcus Cousins en el equipo) no ha empañado el acontecimiento que este año se vivirá con más nerviosismo que nunca en nuestro país.

La atención no se queda ahí, puesto que a los concursos y partidos del All Star Game 2015, se le sumará la semana siguiente la gala cinéfila por antonomasia, los Oscar.
Efectivamente, el 22 de febrero sabremos qué pasa finalmente con Birdman, con Iñárritu, con Whiplash, así como con The Imitation Game, un Benedict Cumberbatch estratosférico y El Gran Hotel Budapest, donde Wes Anderson pondrá sus inagotables juegos de colores sobre la alfombra roja con 9 merecidas nominaciones.



La réplica en nuestro país, la podemos encontrar con tres eventos que están lejos de la parafernalia americana pero que en cuanto a dar juego y emoción, seguro que acortan la distancia.

La semana próxima se disputa en el Vicente Calderón un derbi más entre Atlético de Madrid y Real Madrid, lo que no tendría más importancia de la necesaria si no fuera porque los merengues todavía no han ganado a los colchoneros en lo que va de temporada, los locales vienen algo alterados tras los bailes en su cara de Neymar y la eliminación de Copa merengue de hace unas semanas a manos de su eterno rival, quizá todavia escuece en los vestuarios del Bernabéu.

Fútbol aparte, del 19 al 22 de febrero la Copa del Rey de baloncesto se traslada al buen tiempo de Gran Canaria, en lo que será un torneo tan emocionante como intenso, y como siempre, por KO.



Además, no debemos olvidar en el fondo del cajón el mejor año de la historia del cine español, así como la entrega de galardones en la cada vez más emergente ceremonia de los Goya (7 de Febrero).
La segunda edición de los Premios Feroz sirvió como antesala para saber que La Isla Mínima y Magical Girl, parecen estar por encima del resto, así como Alberto Rodríguez, Javier Gutiérrez, Bárbara Lennie y el maestro José Sacristán, con esos 20 minutos magistrales en el filme de Carlos Vermut.



Atendiendo ya al compendio semanal de Los Lunes del Imparcial, no es posible comenzar de otra forma que no sea rindiéndose al estilo y la raqueta de Novak Djokovic.
El joker alzó al cielo su quinto Open de Australia en lo que supone la presentación del primer Grand Slam del año, venciendo en la final a un pez gordo como Andy Murray por 7-6, 6-7, 6-3 y 6-0.
Queda corroborado que Djokovic es a Australia, lo que Nadal a París y lo que Federer a Londres. Fijación, control y dominio.


Por otro lado, quedaron presentados los bólidos y las motos más potentes del mundo, puesto que tras dos meses de parón en el mundo del motor, Jerez de la Frontera dio comienzo a la pretemporada de Fórmula 1 (con un Sebastian Vettel saliendo antes que nadie a pista vestido de rojo, un relajado Fernando Alonso sobre el nuevo Mclaren y la escudería Mercedes mirando al resto desde el cielo) y Bali fue el lugar elegido por Honda para presentar su impecable Honda RC213V, de la mano de sus dos astros Marc Márquez y Dani Pedrosa. Todo completado con el homenaje por los 20 años de alianza con Repsol, quizá el patrocinio más rentable de la historia del deporte.



Una doble 'K', Karim y Karanka ha protagonizado la semana futbolística. El primero se disfrazó de Cristiano Ronaldo ante su rival predilecto, la Real Sociedad, con dos goles y una obra de arte a la altura de muy pocos, mientras que a su vez, el entrenador vasco eliminó contra todo pronóstico al poderoso Manchester City de Manuel Pellegrini en los dieciseisavos de la FA cup, gracias a un 0-2 sorprendente con su Middlesbrought situado en puestos de ascenso a la Premier League. 
La historia suena a The Damned United y a Bryan Clought, por buen camino Aitor.

En el baloncesto terrenal, la inconmensurable Alba Torrens y el artista Tony Parker fueron elegidos como 'Mejores Jugadores FIBA del año', y en el basket marciano, los Atlanta Hawks completaron el mejor mes de la historia en la NBA, al terminar con una recha de 17 victorias y ninguna derrota (batiendo la marca de Los Ángeles Lakers en la temporada 71-72). Obviamente son líderes (y destacados) en la liga americana.


Para finalizar este resumen cargado de momentos relevantes, es obligatorio hablar del Mundial de Balonmano que ha transcurrido en Qatar, con los vigentes campeones ('Hispanos') cayendo ante la todopoderosa Francia en semifinales, y ante Polonia (28-29) en la lucha por el bronce, perdiendo así sus opciones de preolímpico. En la otra cara de la moneda se encuentra Qatar, que tras conformar un equipo 'de pago', con jugadores de todas las nacionalidades menos la qatarí, y un entrenador como Valero Rivera, han logrado acceder a la final para caer (22-25) ante el mejor equipo de la historia del balonmano, la Francia de Nikola Karabatic y Thierry Omeyer, Oh la la.

Esto es todo desde ElNúmero1blog. Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa, independientemente de las cámaras.
Nos vemos el próximo lunes, sed felices.