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viernes, 16 de diciembre de 2016

DIRECTO A LA HISTORIA


Muhammad Ali nació para trascender, para volar por encima del cuadrilátero y asestar un golpe a la lógica y al orden establecido. Por eso estiraba las cuerdas ante Foreman en el 74, porque el ring se le quedaba pequeño para acallar tantas dudas mientras volvía a respirar libertad. Decir 'NO' a una de las guerras más impopulares del Siglo XX coartó el mejor momento de su carrera, pero fue el origen de su mística. Antes ya le había dado tiempo a revalidar el Título Mundial ante Liston en un asalto (1965), por lo que el mundo del boxeo ya estaba dominado.

Lo que empezaba a emerger entonces era una faceta de compromiso social directamente proporcional a su ascenso como deportista, algo que elevaba su estatus a nivel de referencia. Apoyar las Revueltas Negras de los 60, cambiarse de nombre y de religión o rebelarse contra ese extraño 'poder' de Estados Unidos de matar civiles, nos dejaba entrever una evidencia: este tipo no era normal. Por eso hizo siempre lo que quiso sin dejar de ganar adeptos en todo el mundo generación tras generación. Nadie le iba a decir siquiera cómo boxear, ni el mismísimo Angelo Dundee. Alí bailaba en el ring y picaba cuando le apetecía levantar -o enmudecer- el Madison Square Garden. Todo ello anticipando su victoria en rueda de prensa y confirmando después su palabra. Un profeta al fin y al cabo que, insisto, sacrificó los mejores años de su carrera para dejar en evidencia la falsa libertad de su país. Por eso tras Vietnam, utilizó el boxeo para que todo cobrara sentido.


Supo darle a Joe Frazier (el boxeador que más respetó con el tiempo) una victoria técnica (1971), así como a Woody Allen, que presenció la velada, lo que podría haber sido el guión de su segunda parte. Sí, porque a partir de ahí, los Frazier-Ali vertebraron los andamiajes de un castillo de naipes cuya solitaria carta en la cúspide siempre tuvo nombre y apellidos: George Foreman.

Que el campeón Foreman destrozara a Frazier en 1973 ponía a la crítica en contra de Alí de cara a recuperar un cinturón que siempre le perteneció. Por eso Alí volvió al principio, por eso Cassius Clay se liberó de todos sus nombres y volvió a África, al origen de su raza. Porque una vez allí y antes de empezar el Combate del Siglo, la gente sólo le conocería por un apodo: 'El más grande'. Y la realidad es que las infatigables personas que por un instante se liberaron de Mobutu y del Tercer Mundo aquella noche en Zaire, tampoco se dejaron intimidar por la lluvia ni porque Don King pusiera el combate a las 4 de la mañana. Esa noche no dejaron de gitar '¡Ali bomaye!' (¡Ali mátalo!), porque, al contrario que los expertos, confiaban ciegamente en un dios que había vuelto a la Tierra, ahí, rodeado de unas cuerdas en el corazón de África.

Una noche legendaria en la que una fuerza de la naturaleza obtuvo el acceso directo a la historia, convirtiéndose en un icono y en el mejor deportista que se recuerda. Un ascenso sobre el que mucho se ha escrito (Norman Mailer), se ha filmado (Michael Mann y Will Smith lo lograron) y se ha contado desde entonces ('When we were Kings'), no es para menos, en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96, el mundo se plegó ante el ídolo mientras, por sorpresa, éste encendía la llama olímpica en un último combate. Sí, porque las manos temblorosas de Muhammad Alí reflejaban su lucha contra el Parkinson, una lucha de 32 años que hace unas horas ha finalizado.

¿El final?, que nadie se engañe, anoche Alí asestó un directo a la mandíbula del Parkinson, dio un paso atrás mientras observaba cómo se desmoronaba (pudiendo rematar pero sin hacerlo porque ése es su estilo), y a continuación se despidió diciendo unas últimas palabras antes de ver cómo la enfermedad caía por su propio peso: "Ahí te quedas, te he vencido y he conmocionado al mundo. Soy el Rey del planeta".

jueves, 15 de diciembre de 2016

LA IRRUPCIÓN DE TODO LO DEMÁS


Algo se mueve en la plantilla del Real Madrid, ese lugar donde debe obtenerse el rédito máximo per se, pero donde las camisetas más vendidas contemplan 3 iniciales: BBC.
La realidad es que la selva dibujada tras el trío atacante no declina en su tarea de ser el oxígeno del equipo. Sí, esa base silenciosa que impide una derrota desde abril. Porque para regocijo de Zidane, el juego de conexiones y permutas entre los demás está reinventando el topicazo de siempre, eso de "jugar en el Real Madrid".

Lucas Vázquez fue el primero. El pionero en la tanda de Milán, el único en pegarse a la cal como hace 20 años, y el elegido para agitar los encuentros fluctuando entre la fauna. Un estilete para construir, junto a otro para destruir: Carlos Henrique Casemiro, o lo que es lo mismo, la definición de todo lo demás. Un jugador empeñado en decir que no, que en el medio no está la mediocridad, y que ha acabado afianzando una idea: con él, Kroos y Modric venden más. Aunque lo del croata va aparte. Que nadie se olvide quién sigue siendo el jefe, pero no sólo de su parcela, sino de todo el equipo. El Balón de Oro es suyo, y por eso ha hecho su trabajo: cedérselo al 7 para que acabe en la red.


Pero lo interesante en el medio no acaba ahí. Mateo Kovacic resulta que siempre tomó nota y las lesiones de alguno de los demás nos han regalado su jerarquía incipiente, algo que parecía haber perdido Isco pero, como los genios, recuperó con clase una noche cualquiera [para él] en el Vicente Calderón. Sólo faltaría James, única asignatura pendiente de Zizou, que lucha por no seguir río abajo.

Si analizamos la defensa, esa competencia feroz crónica ya nos regaló a Varane hace tiempo, pero ahora resulta que llega Nacho, otro de esos impermeables al error. Aunque si seguimos, pasamos por el 2 y el 12 (que carecen de suplente porque no pueden ausentarse), y llegamos al 4, al del capítulo aparte.


Sergio Ramos es imperfecto, incluso diría que irregular, pero con todo, el mejor central de la historia del club. Curiosa paradoja la del adalid de las remontadas, capitán de todos, pero más en concreto, de esta corriente de los demás: lo que representa.

Y así llegaríamos a Keylor y a Casilla (vaya inicio de temporada), y otra vez a la BBC. Aunque mejor detenerse en el puesto de 9, ése que tanta polémica suscita, pero ése que ahora mismo contrapone 3 perfiles diametralmente diferentes: Benzema, Morata y Mariano (un bonus track, [¿todavía por hacer?] mitad Morata, mitad Benzema).

Parece que, al fin, el presupuesto se corresponde con la realidad, individual y colectivamente. Las esencias se han destapado con una filosofía capital en esto: bajarse al barro y batirse sobre el verde. Estos son los andamiajes que Zinedine Zidane ha vertebrado, y la justificación de que, aunque los goles, las camisetas y los premios son para otros, sólo las plantillas así te colocan en la historia.

lunes, 22 de agosto de 2016

LA CUENTA REGRESIVA


Hace tiempo que la cuenta empezó a ser regresiva. Sí, porque siempre supimos que el binomio Gasol-Nadal algún día se esfumaría, al igual que la conjunción Bolt-Phelps. Y quizá por ello, estos Juegos se presentaban como la última vez. Una mezcla de nostalgia y esperanza con tintes de sorpresa y, por qué no, notables aspiraciones.

Pero como el tiempo siempre fue el único juez de estos deportistas, ellos fueron a Río a jugar con él y mostrarle al mundo que siguen siendo entes autosuficientes, ajenos incluso a la física.   


Por eso Nadal soltó una carcajada cuando Del Potro servía en el juego decisivo del tercer set. Nadal debía restar, y los aficionados llevar la cuenta con él. Y entonces sucedió. 0-15, 0-30, 0-40 y el mejor restador de la historia no iba a desaprovechar el punto definitivo. Cerró el juego y cerró el puño. Todos con él. 

Ya no hacía falta más, ni siquiera cuando en el tie-break lo volvió a intentar. Esto es deporte y la cuenta regresiva de Del Potro empezó hace 3 años. También merecía agotarla.

Algo parecido le sucedió a la Generación de Oro. Otra vez un comienzo convirtiendo un +14 en un -14, otra vez restando en la fase de grupos y, otra vez, revolviéndose entre los números negativos para resurgir con más fuerza.

Por eso Pau también soltó una carcajada antes del encuentro ante Francia. Scariolo y él lo sabían. Los 40 puntos del año pasado se quedarían en 5, y las posibilidades del equipo se disparían si modificaba su posición y su labor. Hecho.

Luego vino el cruce ante Estados Unidos en el que Pau se restó años y de paso, una lesión. ¿23 puntos y 8 rebotes, cojo y con 36? No cuadra. Pero con él sí, porque de paso superó los 3330 puntos de Epi con la Selección y se situó líder en anotación. 


Una última hazaña antes de atacar el último objetivo: el bronce ante Australia, el éxtasis. Sí, porque ayer estos tipos jugaron con el tiempo de manera descarada, sin consideración, prestigiando un partido por el bronce y restando diferencias, años y lo que hiciera falta. Sólo un bocinazo nos hizo respirar y acabó con ellos por los suelos. Corrían y celebraban, y acabaron siendo jóvenes.


Niños como una Ruth Beitia que puso el colofón a todo esto saltando por encima de la lógica. Apareciendo 'por sorpresa' a los 37 en una temporada histórica para el atletismo español.  


Aunque si hablamos de historia me quedo con las lágrimas de Phelps, sus manchas para luchar contra el paso del tiempo, su contrato vitalicio en el 200 estilos y, por supuesto, su legado en forma de despedida.


Pero si tuviera que elegir una imagen sería la de Usain Bolt exprimiéndose en la Final de los 200, mirando el crono con la ilusión de un joven aspirante, abandonando por un segundo su superioridad para darse cuenta de que ese reloj no iba a restar décimas. El récord era imposible porque él siempre fue imposible. Una realidad paralela y una máquina humana que certifica que estos Juegos de autor dejan la cuenta por debajo de 0. Porque para estos deportistas Tokio 2020 queda muy lejos, un -4 largo y sinuoso que se antoja imposible, pero que no esconde un dato: es su terreno.

viernes, 8 de julio de 2016

SOSPECHOSOS HABITUALES


Un jugador galopa sin oposición, concernido con la causa de su país y dispuesto a cumplir con su cometido. El 11 avanza metros y el ojo del espectador viaja atrás en el tiempo. Gareth Bale parece un futbolista perfectamente delineado con otra época, con los 70 de Cruyff o los 80 de Maradona, pero la realidad es otra. Son las semifinales de la Eurocopa 2016 y el galés degusta el instante. La pulcritud de sus quiebros y su mirada límpida así lo corroboran.

La carrera de 60 metros termina con un disparo irregular pero constata la capacidad de este tipo para ocupar 10 posiciones sobre el campo. Otro fútbol sin tanta preparación y tanto centro del campo parece posible.

Ahora el plano se desplaza a Cristiano Ronaldo, por corte y sin transición, porque el duelo es de tú a tú. Las distancias entre ambos baluartes parecen inexistentes, y por eso las pupilas del luso sólo reflejan una cosa: el esférico.


Pasan los minutos y entonces la imagen se congela, y como suele pasar en las batallas prodigiosas, un teleobjetivo funde al 7, que a sus 31 y con una espalda dolorida por la presión de triunfar con Portugal, salta por encima de la lógica y la física e incrusta su balón en las mallas con una potencia feroz.

Sin tiempo para repetir la hazaña, Gales ya pierde 2-0 porque el fútbol juega con el tiempo y con el rival, por eso volvemos al principio: al sprint de Bale. Desde ahí hasta el final, el Expreso de Cardiff defiende, distribuye, golpea, ordena, remata, protesta, bloquea, ataca y ejerce de dios sobre el verde. Él es juez del futuro de los dos equipos y a pesar de desencadenar una tormenta de fútbol despiadada, la realidad se vuelve a imponer y la escena finaliza con una transición que nos lleva a un punto concreto: los ojos de Bale.


La derrota de su país no refleja ningún tipo de oprobio en su mirada, al contrario, el 11 vislumbra su futuro ante el 7, solo o acompañado, con Gales o en el Real Madrid, y parece transmitir una idea a su maestro: "Hoy vences tú, pero sólo necesito un poco más de tiempo, entonces venceré yo. Lo sabes, lo sé".

Cristiano capta la idea y se redime de sus pecados con su Selección. Asume la consagración de su sucesor y quién sabe si a continuacion se lo explica personalmente, el caso es que la primera semifinal se salda con El Abrazo.


Ahora estamos en la segunda semifinal y observamos a un protagonista tan ubicuo y alborozado como los dos anteriores. Es Antoine Griezmann y aunque Alemania empieza siendo Alemania, poco a poco las telarañas cholistas de Francia se adaptan a Antoine, y Antoine lo devuelve como mejor sabe hacer, penalti de clase -sin presión- y envite con la estrella de Alemania, sí, con Neuer, que esta vez falla y cede ante el 7 como aquella vez en el Allianz. El jaque francés hace tambalear la defensa teutona, hasta el punto de convertirse en mate por una evidencia clara: Alemania no tiene a nadie para contrarrestar a la estrella rival.


A falta de la Final, ahora toca recapitular sobre la temporada, porque la distancia de un sospechoso habitual para reinar llamado Leo o Cristiano ya ha dejado de ser imperceptible para el resto. Nadie debe olvidar la minuciosidad inusitada con la que Messi incrustó el balón en la escuadra (también) en las semifinales de Copa América, pero tampoco nadie debe olvidar sus lágrimas tras la Final.

La realidad es el futuro, y con un Ronaldo condenado a dosificar y un Messi obligado a ceder el gol a Suárez, quizá Gareth y Antoine deban asumir la responsabilidad de algo a lo que Leo y Cristiano se ven abocados: delegar.

sábado, 23 de enero de 2016

KARIM BENZEMA, ALTRUÍSMO POR COMPASIÓN


Su presencia se circunscribe, exclusivamente, a un terreno de juego. Más allá de la línea de cal se prende la polémica y se desarrollan los problemas. La grada se impregna visualmente de los movimientos y detalles del 9, pero el atisbo de que algo externo puede fallar es ya una sensación crónica. Duda que se acrecienta fuera del estadio, donde quienes no disfrutan in situ de su fútbol, se preguntan por qué la inteligencia de ese chico parece exuberante sobre el verde y escasa en las calles. Incluso, más allá, en cada casa, hay siempre una palabra que invade peligrosamente la crítica de los aficionados: Indolencia.


Mientras, dentro del campo, la veneración hacia Benzema es ineludible por parte de todos los profesionales. Los resoplidos del equipo rival contrastan con la impaciencia de los merengues por arrancar el choque: Temor y necesidad de que ese francés empiece a repartir su talento, a partes iguales. Cristiano y Bale, baluartes del equipo y compañeros de Karim a la vanguardia, salivan como delanteros sarnosos porque su objetivo, el gol, está más cerca si Benzema tiene el balón en sus pies. Cuesta entenderlo, porque es extraño ver a un 9 diversificar así su categoría en beneficio de otros matadores, pero una vez comprendida la esencia, es fácil.

La única manera de no negociar el ego y las necesidades del 7 y el 11 es mediante el altruísmo de Karim. Un engranaje perfecto que seguro les mira desde la compasión de quien posee una visión más amplia del juego, porque él experimenta el mismo placer ejecutando que generando, y porque él, a pesar de llevar 153 goles en el club, nunca olvida una lógica muchas veces difusa para un killer del área: Tres son mejor que uno.


Este 9 y medio comparte su pasión por este deporte y sólo se define gracias a sus compañeros. Por ello, el día que superó los registros goleadores de su ídolo Ronaldo Nazario en el Real Madrid, pocos se percataron.

Todavía recuerdo una ocasión suya, a bocajarro, que erró golpeando la cruceta por intentar una espuela legendaria (evitando empujar el balón). Él es así, su estilo como forma de vida, guste o no guste. Se entienda o no se entienda. Por eso, la semana pasada, cuando medio mundo observaba el segundo partido en el Bernabéu con Zidane al frente, y cuando Bale y Cristiano ya habían perforado la portería, Karim Benzema se elevó en posición acrobática, miró a sus dos compañeros con cierta misericordia, y se marchó al córner a celebrar su gol. La clase se había manifestado, y sólo entonces, muchos lo entendieron.

jueves, 24 de diciembre de 2015

STEPHEN CURRY, EL OPOSITOR A LA HISTORIA


Diferentes factores capitales convergen a la hora de definir el buen baloncesto: Generosidad y ritmo en ataque que fabriquen un gran número de puntos; colocación, atino e intensidad en defensa que refrenden lo planteado en ataque; y necesariamente, esos jugadores con estrella que lancen el tiro libre decisivo mientras 25.000 personas abuchean, o que se jueguen la última posesión mientras millones de aficionados tiemblan.

Si pensamos en la historia reciente de la NBA, lógicamente, casi todos los equipos campeones han abrazado estos puntos cardinales, desarrollando más alguno de ellos. Pero no hace falta profundizar mucho en el análisis para encontrar otro denominador común: Bird, Magic, Jordan, Olajuwon, Duncan, O'Neal, Pierce, Bryant, Nowitzki y James, todos jugadores de no menos de 1,98 metros de altura. Sólo los controvertidos pero eficaces Pistons de Isiah Thomas (1,86) con sus Jordan Rules, o años después, el conjunto bien hilado de Billups (por escoger uno de los 5 titulares...) tenían un jugador franquicia con menos estatura.


Quién le iba a decir a Stephen Curry que él sería el siguiente. Acusado de una extrema delgadez en su fructífera etapa universitaria, sus 191 centímetros de estatura tampoco invitaban a vislumbrar un futuro dominante en la NBA, y quizá ésos fueron los 2 motivos por los que, a pesar de sus excelsas aptitudes dentro del parqué -y fuera de los estereotipos-, se vio abocado a descender hasta la séptima plaza del engañoso draft de la NBA, carne de jugadores altos y 'autosuficientes'.


Unos Warriors con un futuro en nebulosa apostaron por crear una plantilla original, que con el tiempo, se convertiría en el monstruo competitivo incapaz de frenar que hoy conocemos. Si todo iba a girar sobre Curry y si se quería practicar un juego que abordara los 3 pilares del buen baloncesto, había que reinventar una parte de este deporte hasta hacerla incontrolable para el resto de equipos: El triple, un arma letal. Y ahí fue cuando el joven base de Golden State empezó a utilizar su ingenio aprovechándose de la ingenuidad de los demás, conformando una trayectoria cuyo techo hoy se desconoce.

Inalcanzable, explosivo y eficiente. Mientras siempre se ha defendido la necesidad de una óptima mecánica de tiro, Curry, aparte de poseerla, es el único jugador de la historia que no necesita utilizarla para anotar de tres. La extraña simbiosis entre Curry y el balón hace que apenas tenga que entrar en contacto con él para convertir, ¿Quién y cómo controla eso desde la distancia?
Este punto diferencial, ligado a sus muchas virtudes en el manejo del balón, es lo que ha llevado a su equipo a la gloria y a él, personalmente, a desbancar a colosos como Lebron James o Kevin Durant del trono de la NBA.


Mientras los jugadores poderosos se jactan de su fuerza en el mate o la penetración, Curry da media vuelta y se ríe desde la distancia. No le hace falta. Si recibe una presión asfixiante, acorta su mecánica y anota antes de que sea posible, y si le dejas libre, anota 27 puntos en un concurso de triples del All Star.

El 30 de los Warriors sigue reinventando los récords desde el 6,75 en una temporada (275 triples y un 42% de acierto la temporada pasada).

El complemento de jugadores como Klay Thompson, Draymond Green o Andre Iguodala, ha posibilitado que Golden State Warriors vuelva a ganar regularmente 40 años después, pero más allá del anillo o del carrusel de victorias hay algo que prevalece sobre esta época dorada: El equipo transmite una alegría sin precedentes sobre la cancha. Y es que no sólo ha alcanzado los 3 factores clave para dominar este juego, sino que también los ha rebasado con algo extraordinario: La diversión.

Ahora, mientras en la Bahía de San Francisco tienen asegurado un futuro feliz, los amantes del buen baloncesto agredecemos que en ese draft de 2009, desde la lejanía, Curry se enfrentara a la historia: Subió el balón, fintó y antes de que el ojo humano recorriera la zona, ese tiro había entrado. Stephen ya era campeón.


domingo, 25 de octubre de 2015

LA CARRERA DEL CAZADOR


Hubo un tiempo en el que Valentino Rossi ejercía un dominio sin parangón en el motociclismo mundial...


Unos años en los que sólo él sobresalía, a su modo, en la parrilla de salida. Convirtiendo su gesto más característico en una marca registrada, ésa que anticipaba su paso por curva, cuando su pierna abandonaba la estribera y el 46 frenaba más tarde que el resto -punto fuerte y diferencial-.


Pero la leyenda, presa de idolatrías, dio paso a la cantera de jóvenes talentos que como su ídolo, ansiaban bailar sobre la moto sin que su cuerpo besara el asfalto. Entre ellos, y con Pedrosa, Stoner y Lorenzo como alumnos aventajados, apareció alguien que desde muy joven eligió la trazada más pareja a la del italiano...


Ése joven sin complejos sobre el carenado, progresivamente estudió, moldeó y mejoró su estilo hasta el punto de copiar el de su referente.


Y tras batir todos los récords de precodidad de Valentino Rossi, el mundo conoció el nombre de Marc Márquez y le señaló como 'el elegido' para clausurar la carrera del mejor piloto de todos los tiempos.


El momento más crítico de la carrera deportiva del 46, tras años de divagación en Ducati, se fundió con el más dulce del 93, que sin rival, se hizo mayor y tetracampeón del mundo (bicampeón de MotoGP).


Pero esta última temporada, el destino ha querido que las trayectorias de los dos astros den un giro radical. La segunda juventud del italiano se ha unido a las primeras dudas del español, que tras un año aciago, desde muy pronto se ha visto apartado de la pugna por el Mundial, posibilitando en cierto modo que Rossi vuelva por sus fueros, 6 años después, liderando un Campeonato histórico siempre con Lorenzo a rebufo.

No obstante esta semana hemos llegado a un punto de inflexión en la historia del Motociclismo. Valentino Rossi, el pasado jueves, en vísperas del penúltimo Gran Premio de la temporada, dictaminó con desdén y cierta cólera que "Márquez competía contra él", sin aspirar ya al Mundial.


Sepang abría la caja de pandora en plenos entrenamientos, y el enfado del 46 dejaba entrever su desesperación con el piloto fabricado a su imagen y semejanza...


Y tras apagarse el semáforo hoy, mientras se libraba una batalla sin igual, con Rossi y Márquez intercámbiandose hasta 15 adelantamientos en 2 vueltas, Il Dottore ha dicho basta...


Tras ese giro de cuello, el piloto más legendario de la historia pagaba la frustración de todos estos años con su alumno más aventajado. Su pierna izquierda abandonaba la estribera, pero en este caso no para deleitar a propios y extraños, sino para intimidar al piloto que recogerá su legado, en un arrebato incomprensible por negar el presente y el futuro, dejando en entredicho su veteranía.


Una sanción pobre y grosera (salir último en la carrera final) permitirá a Rossi seguir luchando contra los fantasmas de su reciente pasado en Valencia, porque como ha dicho Márquez tras la carrera "Salir último con una MotoGP puede implicar estar cuarto en un abrir y cerrar de ojos".

Las imágenes de la carrera de hoy sirven para escenificar las carreras deportivas de los dos pilotos más brillantes que se recuerdan, del mismo modo que encierran el cambio en la veneración hacia Valentino Rossi. Su liderato implacable se ve ensuciado por su comportamiento más deleznable, tornando definitivamente una fraternal amistad en el odio mutuo más profundo. 

viernes, 18 de septiembre de 2015

E.T. EL EXTRATERRESTRE


El destino te lo debía amigo. Un último baile con la historia. Una redención por aquello que se perdió en Pekín y en Londres. Un final ajustado en el que tú, y sólamente tú, volvieras a disfrazarte de Jordan, a reventar los aros y a silenciar 27.000 almas en tu contra. Muchos pensamos que tras el gorro de Gobert el año pasado, en el que iba a ser nuestro Mundial, Pau Gasol se iba para siempre. Pero no. Hoy hemos vuelto a soñar, hoy te has cobrado tu vendetta y hoy le hemos devuelto la jugada a Francia, en su casa. Y es que aunque tus 35 años nos siguen diciendo que se acerca el final, tras tus 40 puntos de hoy, queremos seguir estirando tu grandiosidad, porque eres el mejor jugador de baloncesto que ha dado la historia de este país. Ya lo dijo Andrés Montes, "E.T. El Extraterrestre". Gracias PAU. Ahora y dentro de 50 años, contigo fuimos grandes.

domingo, 13 de septiembre de 2015

LA GUERRA DE LOS MUNDOS


Pau Gasol lo consiguió. El pívot de Sant Boi quiso pasar a cuartos y dejar a una combativa Polonia en el camino. Con tanto pundonor como calidad, cuando peor pintaban las cosas para el combinado español, nuestra eterna estrella aceptó que Gortat le sacara de la zona y como si del mejor Navarro se tratara, acribilló a su rival con un inédito 6 de 7 en triples. Asombroso. Brutal. Nadie podía pararle, igual que en aquel tercer cuarto de la final olímpica en Londres, porque cuando Pau quiere ganar, la victoria casi siempre llega, tras hacer temblar a todos los oponentes.


A sus 35 años, el 16 de los Bulls ha vuelto a demostrar que sus fundamentos y su hambre de medalla siguen intactos. 23 puntos, 7.8 rebotes y 2.2 tapones por partido así lo corroboran. Ahora espera la imbatida Grecia de Spanoulis y Antetokounmpo, pero mientras Gasol siga siendo el líder, pasar de ronda, afortunadamente, será la principal opción.


Algo parecido se puede aplicar a otros dos extraterrestres: Leo Messi y Cristiano Ronaldo. El primero porque volvió a decidir un encuentro parejo en el Calderón (tras una semana sin entrenar), y el segundo porque alcanzó su catarsis gracias al Bale más altruísta, anotando 5 goles en Cornellá que le sirvieron para situarse como máximo goleador histórico del mejor equipo de todos los tiempos.


Lille, Madrid, Barcelona y, por último, Rímini. Y es que el circuito Marco Simoncelli de Misano esperaba de amarillo la victoria de su ídolo, un Valentino Rossi que aunque finalmente no consiguió subirse al primer cajón del podium (finalizó quinto), se alió con la lluvia y la historia para disparar la diferencia con Lorenzo hasta los 23 puntos. 


Hasta dos fueron los cambios de moto de los pilotos debido a la lluvia, y tras uno de ellos, el 99 se fue al suelo, despertando los vítores en la grada y dejando al 46 más cerca de su décima corona mundial. Marc Márquez ganó la carrera, pero la realidad es que las yamahas se disputarán el Campeonato de aquí al final. ¿Se imaginan una última curva así en Valencia?



lunes, 7 de septiembre de 2015

VISTO PARA SENTENCIA


Puede que éste sea el final. Ésa es la sensación que tuvimos todos cuando vimos caer a Rafa Nadal de esa forma en Nueva York. El héroe de tantas y tantas veces, el jugador incansable, el deportista diez, la mente inquebrantable, todo quedó reducido a cenizas tras la remontada histórica de Fognini en el US Open. Nadal nunca había desaprovechado una ventaja de dos sets y, precisamente, en ese fatídico partido dejó dos mangas iniciales de su mejor tenis, un repertorio que fue menguando a medida que aumentaba el tiempo del encuentro.

Es triste ver cómo el mejor deportista de la historia de España y -por qué no- top-5 Mundial junto a Ali, Jordan, Bolt y Phelps, comienza un desplome vertiginoso, difícil de aceptar. Es complicado comprender cómo alguien que ha ganado al menos un Grand Slam durante los últimos 10 años, ahora tan sólo lucha por 'llegar' a la mitad de los torneos, aspirando a estar en el medio, con la medriocridad que va inherente a ello.



Rafa Nadal desbancó al que hasta entonces era el mejor tenista de todos los tiempos, pero aun así la caída de Federer nunca fue pronunciada, siempre fue dosificada con el estilo del genio suizo. En cambio, esta debacle de Nadal se antoja definitiva. Quién sabe, quizá el tenis le dio todo lo que le tenía que dar, quizá la ambición ya no es la misma y el deterioro físico no ayuda, o quizá, simplemente, como pasó con todos los grandes, el Número 1 tiene que pasar ya de realidad a leyenda, cambiando el presente por los recuerdos de aquellos maravillosos años de gloria.

Aun así, el propio gen competitivo con el que contagió Don Rafael Nadal a propios y extraños, nos hace seguir creyendo, por imposible que parezca, en un último renacimiento del de Manacor. Una última ruptura de servicio estrella, contra todo pronóstico, contra todo y contra todos, como sólo él sabe hacer. Porque cuando pensamos en un punto imposible, siempre aparece Nadal deslizándose por la pista y cerrando el puño. Al fin y al cabo, siempre que veamos la arcilla de la tierra batida, ahora y dentro de 50 años, en todas nuestras cabezas resonará la misma frase: "Tócala otra vez, Rafa".


Tras hablar de la agonía de un ídolo, es complicado focalizar este artículo en otros personajes, pero bien es cierto que Gareth Bale y Lewis Hamilton han hecho méritos de sobra para ser los protagonistas de la semana. A pesar de la controversia y de las campañas de desprestigio, la realidad es que el 'Rey de Gales' volvió a ser el protagonista esperado con su Selección, dejando una clasificación histórica para la Eurocopa de Francia a un paso, virtualmente vista para sentencia.


Y con respecto al piloto británico, su séptima pole consecutiva llegó de la mano de su séptima victoria del curso, y es que hoy por hoy, a pesar de que en Fórmula 1 la proporción piloto-coche sigue siendo un 20-80, Lewis Hamilton está muy por encima del resto, y aunque aún restan 8 pruebas, el bicampeón del mundo tiene sentenciado el Mundial.


Lo que empieza con Nadal bien puede terminar con Gasol, y efectivamente, nuestro jugador de baloncesto más laureado y los suyos siguen buscando una nueva identidad en el Eurobasket de Alemania, integrando a Mirotic en un esquema a caballo entre lo que quiere el tetracampeón Real Madrid (Llull, Chacho y Rudy por encima de los pívots), y lo que, evidentemente, siempre ha caracterizado a esta Selección, reportando infinitos éxitos: el juego para Pau Gasol.




















Serbia y Turquía han sacado a relucir el comportamiento más visceral de este grupo. Ahora sólo falta que, progresivamente, Scariolo de con la tecla y pueda vertebrar los andamiajes del equipo para que, en el momento justo, podamos decir que estos chicos son nuevamente campeones de Europa.
Sólo el tiempo dirá cuál es el límite, aunque a estas alturas el adiestramiento no supone nada, ya que la voluntad lo es todo. La voluntad de volver a reinar...