martes, 10 de febrero de 2015

VILLARREAL, FÚTBOL DE AUTOR

Una ciudad con algo más de 50.000 habitantes cuyo principal equipo de fútbol, cuenta con un estadio en el que se puede introducir a la mitad de los ciudadanos, siempre va a resultar llamativo. Si a esto le añadimos que el equipo es el Villarreal, miembro de la Primera División española (o Liga BBVA para los modernos) y que no hace mucho tiempo jugó unas semifinales de Champions League, codeándose con los más grandes como forma de vida, entonces la conmiseración que produce hoy en día el fútbol español, encuentra un oasis gracias a la historia de un equipo con personalidad, estilo y valentía suficiente como para ser fácilmente reconocible en todo el mundo. Villarreal Club de Fútbol.

En una época mediocre y extrema para el deporte rey, en la que algunos se jactan de valores y juego preciosista, otros se refugian en el talonario para ahogar las penas y unos terceros, directamente utilizan el discurso victimista sobre la falta de presupuesto (como si no pudieran fichar delanteros de primer nivel...), encontramos una de las pocas excepciones agradables sobre las cosas bien hechas y la reivindicación del buen fútbol humilde. Esta excepción viste de un amarillo, pulcro e impoluto, y reside bajo el yugo de los más grandes, surcando las profundidades de los mares a una velocidad endiablada y huyendo de la humildad de postín que reina en la superficie. El vox pópuli define a este equipo como el 'Submarino Amarillo', pero aprovechando que hace relativamente poco se estrenó el aeropuerto de Castellón (su aeropuerto), debemos referirnos al Villarreal como lo que es, uno de los equipos más relevantes y destacados de la historia moderna, el dueño del fútbol de autor.


Los experimentos efectivos (y mediáticos) de entrenadores como Pep Guardiola y su ya célebre 'falso nueve' (Leo Messi), capaz de romper cualquier táctica preestablecida y modificar la estadística histórica endosando, por ejemplo, 6 goles a un Real Madrid estupefacto, efectivamente no son de hoy ni de ayer, sino que vienen de mucho más atrás, a pesar de la escasa difusión.

En lo que va de siglo, destaca, en especial, una innovación por parte de dos sujetos que, probablemente, trascendió la lógica y el sentido de la pizarra táctica y nos permitió observar y vivir uno de los mejores momentos de la historia del balompié.

Un 'ingeniero' y un genio incomprendido se aliaron en el año 2004 para acabar sorprendiendo al mundo del deporte, de una forma brillantemente progresiva y sin ningún aire de grandeza. A posteriori, sería fácil decir que el entrenador chileno, Manuel Pellegrini, y el mediapunta argentino, Juan Román Riquelme, cruzaron sus vidas profesionales en el momento y lugar idóneo para ambos.

El técnico chileno llegó a Villarreal con el privilegio de poder contar en sus filas con el '10' de Argentina y uno de los 'cerebros' más talentosos del mundo balompédico. Riquelme era un futbolista clásico, de los de antes, sin peinados extravagantes, pendientes ni tatuajes, con unas botas negras (ajenas a la moda) y con personalidad, mucha personalidad.


El invento fue sencillo y consistió en dar total libertad al astro argentino, permitir que jugará por la parte del campo que creyera conveniente, que todo el juego sobre el verde pasara por sus botas, desencasillarle de la etiqueta que se le puso en su anterior etapa en el Barça y por supuesto, que todos los córners, libres directos o penaltis fueran indiscutiblemente de su propiedad. ¿Saben cual fue el resultado de este 'falso centrocampista-todocampista' imposible de situar en las alineaciones de los periódicos?


Cuarto puesto en Liga en la temporada 2004-05 (con el Villarreal elegido mejor equipo del mundo en el mes de Octubre), pasaporte a la máxima competición Europea y desarrollo indeleblemente victorioso en la misma, hasta acceder a las semifinales e impregnar el nombre del club con prestigio.

Quizá la historia mediática se quedó ahí, puesto que ese agónico partido contra el Arsenal del mejor Thierry Henry se resolvió con el fatalismo que suele ser familiar para los equipos pequeños. En el último minuto de partido, Riquelme tuvo la oportunidad de igualar la eliminatoria, meter a su equipo en la prórroga y aspirar a la finalísima de París (ante el Barça). La clave para ello, era anotar el penalti pitado a favor del 'Submarino Amarillo'.
Una ciudad sin respiración, un país con ilusión y varios continentes con atención, focalizaban su mirada en los ojos nerviosos del genio incomprendido número 10, pero cosas del fútbol y de la vida, el arquero gunner Jens Lehmann repelió el esférico y el año de ensoñación y grandeza llegó a su fin de la manera más rápida y cruel.
Dicen que la relación materno-filial entre entrenador y jugador se rompió esa misma noche.


La realidad a partir de ese momento fue que el conjunto de Castellón ya se había hecho un nombre entre los números 1. A pesar de la salida de Riquelme al año siguiente, el Villarreal fue a más y empezó a jugar un fútbol cada vez más bello y completo. Se labró un estilo propio basado en el ritmo, la presión y el toque que la Selección Española y el F.C. Barcelona utilizarían después. Y como cúspide del éxito, en la temporada 2007-08 terminó subcampeón en la teórica mejor liga del mundo.



En los últimos años, por allí pasaron muchos 'futbolistas de autor' como Diego López, Santi Cazorla, Robert Pirès, Diego Forlán, Jon Dahl Tomasson, Giuseppe Rossi o Nilmar y a pesar de un año catastrófico, 2012, en el que la culpa no fue de Pellegrini sino de entrenadores como Miguel Ángel Lotina (gracias al cual vimos al Villarreal utilizar un juego sucio y descender a segunda división), afortunadamente, podemos decir que hoy en día el equipo ha resurgido de sus cenizas y tras volver hace un año con los equipos de primer nivel, esta temporada es un gusto contemplar su juego.
Dieciocho partidos sin perder (hasta la derrota in-extremis de hace dos semanas en el Camp Nou), una buena andadura en la Europa League y una elimatoria pendiente contra el Barça en las semifinales de Copa del Rey, han devuelto al 'Submarino Amarillo' la moda y el reconocimiento.

Gran parte de culpa ha tenido alguien que se desvive por este club desde 1997, ya que desde ese año, Fernando Roig preside el Villarreal y como se refieren a él popularmente, 'convirtió un equipo de pueblo en un club de clase mundial'.

El presidente y el equipo entregados a la causa, supieron combinar a la perfección el presupuesto limitado con el ojo clínico para los fichajes precisos y la inversión en una cantera rentable. Supieron hacer real y tangible la ilusión de una pequeña ciudad. El Villarreal prestigia el fútbol.


Hoy en día la orquesta puede presumir de tocar mejor que nunca y se puede jactar de un saneamiento económico inaudito en el fútbol español. Futbolistas como Bruno Soriano (el nuevo 'todocampista'), delanteros veteranos rejuvenecidos al estilo Uche y fichajes estrella sorpresa de la talla de Luciano Vietto, todo orquestado a la perfección por un grande sencillo como Marcelino García Toral, hacen que la gente en sus casas vuelva a disfrutar viendo fútbol de autor en la televisión... Porque si los aficionados a este deporte disfrutan desde el sofá, imagínense cómo se debe vivir este privilegio en 'El Madrigal', imagínenselo...



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